No viajes a la República Dominicana a menos que…


Si luego del artículo de la semana pasada y de ver las fotos en Instagram te has animado a visitar la República Dominicana, tengo algo muy sencillo que decirte: no vengas. Sí, esta isla tiene unos paisajes envidiables, playas que pueden dar cátedra a nivel mundial y una concentración de especies que son un deleite para cualquiera. Pero a pesar de eso, no vengas, a menos que quieras enamorarte con cada paso que des.

Los primeros que te robarán el corazón, son aquellos que están en nuestros campos. De ellos tienes que cuidarte, porque en tan solo unos minutos pueden hacer que quieras mudarte con ellos. A través de su mirada podrás conocer la nobleza que tienen en el corazón. Además, muchos de ellos son maestros contando historias… no es nada difícil que un par de horas pasen volando una vez te sientes a escuchar lo que tienen por decir.

Carmen, una señora de la provincia San Juan de la Maguana que siempre nos recibe

Si eres de los viajeros que busca conocer a fondo el país que visite, ten cuidado, nuestra cultura es sumamente rica y cautivadora. Aquí, debido a la invasión y colonización europea, y la traída de esclavos, se mezclaron elementos de la cultura taína, de distintas regiones de África y de Europa. Esto resultó en condensado muy entretejido de creencias, tradiciones y celebraciones que puede estudiarse durante toda una vida y quizás no ser suficiente. Ir una fiesta tradicional significar ver todo esto de primera mano y de manera resumida, donde podrás disfrutar de ver bailes, gastronomía típica, cantos que entran directo al corazón y una fe que para ellos no se compara con nada.

Un ”brujo” se prepara para rendir honor a San Francisco de Asís en Bánica, Elías Piña.

Otra cosa que sale a relucir mucho en las personas de nuestros campos es su sentido de comunidad. No es nada raro encontrase a personas que se ayudan entre sí para lograr un fin, sobre todo cuando hay cualquier tipo de celebración. Aquí es evidente que la causa mayor que los une es el bien común y para alcanzarlo, hay espacio para todos. Cada quien sabe su rol y conoce sus responsabilidades, lo que permite una integración bastante variada y esto resulta en una interesante dinámica que deja muchas enseñanzas. Un ejemplo perfecto de esto lo viví hace apenas unos días cuando antes de la celebración de una fiesta los hombres se preparaban para matar a un cerdo, mientras las mujeres preparaban los fogones, café y te, y los jovenes ayudaban a organizar el área.

Tres generaciones ayudan con los preparativos para una celebración religiosa.

Y lo mejor de todo es que estas personas disfrutan de enseñar sus tradiciones y su cultura con orgullo. Estas personas estarán aquí recibiéndote de mil amores, así que cuidado, porque como ya he mencionado, es difícil no enamorarse de tanta gente buena.

¿Te atreverías a venir?

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