Chipaya: los indígenas que buscan adaptarse al cambio climático


En el departamento de Oruro existe un lugar sumamente especial y de mucho valor cultural e histórico, este es Chipaya, una población y un municipio rural autónomo indígena que data de más dos mil años de antigüedad, lo que los convierte en sabedores de amplios conocimientos ancestrales relacionados a la tierra y los animales, la vida y el desarrollo espiritual humano. Debido a esto es correcto y cierto pensar que nosotros tenemos bastante por aprender de ellos, pero ¿qué pasa cuando la realidad y el escenario de los chipaya cambia drástica y rápidamente y surgen variables que son nuevas para ellos? Surgen (lamentablemente hasta cierto punto) oportunidades de colaboraciones que abren las puertas a un mejor futuro para los chipaya, este es el caso del proyecto Qnas Soñi (Hombres del agua): Chipaya, entre tradición y tecnología, hacia un municipio resiliente financiado por la Unión Europea y ejecutado por GVC  y su socio CEBEM (Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios).

Y a continuación me explico: mientras conversaba con algunos chipaya que se han beneficiado de este proyecto, cuyo objetivo es rescatar los saberes ancestrales y las buenas prácticas que han permitido a la población chipaya vivir y adaptarse por siglos a un territorio con condiciones ambientales extremas en situación de aislamiento social y geográfico, introduciendo nuevas tecnologías que permitan la mejora de la productividad y la diversificación de las fuentes de ingresos, pude darme cuenta de que tenían preocupaciones comunes, tal es el caso de las inundaciones, que según ellos se hacen cada vez más frecuentes, y de igual forma la constante emigración de jóvenes a las grandes ciudades y a Chile. Lo primero se le suele atribuir al cambio climático, y lo segundo a la escasez de oportunidades y recursos. Ambas problemáticas están siendo abordadas por GVC desde puntos de vista muy interesantes.

1. Cambio climático

Secuelas de las recientes inundaciones que afectaron a Chipaya

Aislado, extremo e inhóspito. Así se pudiera definir, desde mi perspectiva, la realidad física y geográfica de Chipaya. Esto se debe a que está ubicado en el altiplano boliviano lo que significa poca vegetación, poca fertilidad y alta salinidad, dígase una zona poco aprovechable para agricultura. Además, de noche las temperaturas pueden llegar a descender hasta -6 grados (dependiendo de la época) con vientos de alta velocidad. Esto quiere decir que ya de por sí sus condiciones son bastante duras… Si a esto le sumamos los efectos del cambio climático, pues podemos llegar a tener verdaderos desastres y fui testigo de eso al momento de mi llegada, cuando la comunidad justo terminaba de sufrir una gran inundación y se podían ver aun las secuelas.

Es por esto que GVC y CEBEM trabajan de la mano con los chipaya para unir sus conocimientos ancestrales con nuevas tecnologías y así poder crear estrategias que les permitan adaptarse al cambio climático. Esto incluye planes a corto, mediano y largo plazo, así como respuesta en situaciones de emergencia. Al momento de mi visita puder ver esto último, ya que para evitar que las inundaciones afectaran también las casas, los chipaya y GVC construyeron barreras de contención. Dentro de sus planes a largo plazo pude ver algo que me alegro mucho y fue el involucramiento de niños, adolescentes y adultos en un huerto escolar donde se cultivan en composta y tierra vegetales que de otra forma no pudieran crecer en el suelo salino e infértil que abunda en sus tierras. Se espera que esto ayude a mejorar la dieta y la salud de los chipaya, ya que por las razones anteriormente mencionadas tienen una dieta limitada.

2. Nuevas alternativas

Debido a que en la comunidad chipaya hay gran escasez de oportunidades, muchas personas deciden irse a buscar lo que consideran como mejor vida a Chile o a otras grandes ciudades de Bolivia. Esto es motivo de preocupación para muchos, ya que la población decrece y con ello llega el riesgo de que sus prácticas milenarias, su idoma, sus tradiciones y su cultura en general se pierda. Esto los ha llevado a abrirse ante nuevas maneras de generar ingresos para la comunidad y emplear de manera rotativa a distintas personas. Para mí el caso más emblemático es del único hostal que tienen en la comunidad, cuya construcción puede llegar a asemejarse a los putucus (edificaciones tradicionales chipaya). Aquí ofrecen cama, baño, agua caliente, comedor y proximamente alquiler de bicicletas para conocer los alrededores.

La venta de artesanías también está contemplado, prendas que son verdaderamente únicas y que los turistas podrán adquirir sabiendo que están haciendo una compra consciente, que aporta a la comunidad y que ayuda a mantener vivas las artesanías tradicionales. Mujeres como Flora están a cargo de esto.

Flora, una guerrera de su cultura, vestida del traje tradicional de las mujeres Chipaya. (Putucus en el fondo)

Mientras agotábamos una extensa conversación, Flora me contaba que le preocupa que se pierdan los valores y la cultura Chipaya, por eso toma grandes y pequeñas acciones, desde hablarle a sus hijos en su lengua originaria, hasta organizar transportes que salen y entran de Chipaya con frecuencia para abrirse un poco más a otros pueblos y así ayudar a dinamizar la economía y seguir confeccionando trajes tradicionales.

Otra oportunidad que tiene Chipaya, es el turismo de observación de aves, ya que cuentan con lagunas donde es común ver flamencos, cosa que en muchos países representa un ingreso para comunidades y parques nacionales. Se pudieran capacitar miembros de la comunidad para que sirvan de guías locales a los turistas, fotógrafos y científicos que visiten la zona.

Sin dudas Chipaya es una comunidad que busca solucionar las problemáticas que sufren y adaptarse a ellas y a los nuevos tiempos, como seguro han tenido que hacer en ocasiones anteriores. Lo que sí me queda claro (y es motivo de mucha alegría) es que no están dispuestos a negociar su identidad ni su cultura y tienen la ventaja de que en la Unión Europea, GVC y CEBEM ven aliados que respetan su toma de decisiones y que buscan servirles de apoyo para garantizar su permanencia con las mejores condiciones posibles.

Después de todo, debe ser interés común que tribus milenarias como estas puedan seguir existiendo, especialmente cuando la responsabilidad de las cosas que los afligen no está del todo en sus manos.

 

De 0 comentarios 12/04/2018

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